Un bebé en la familia en un motivo de alegría para todos;  un acontecimiento que vale la pena celebrar, pues nos permite recrear la esperanza en un mundo mejor. Por eso la llegada de una nueva vida al mundo está cargada de simbolismos desde el principio de la Humanidad y aunque cada cultura lo celebra a su manera, los regalos están presentes desde la más remota antigüedad.

La llegada de un bebé es un acontecimiento muy importante desde el punto de vista de la comunidad, y las culturas antiguas incluyen en la celebración la participación de todo el grupo social.  Aunque no parezca,  aún hoy en día, en la sociedad moderna en la que parece campear el individualismo, un nacimiento sigue siendo un hecho importante para el mundo.  Por eso la comunidad está presente a través de la Seguridad Social, los sindicatos y otras asociaciones que otorgan algún beneficio o entregan regalos a los flamantes padres.

El nacimiento de un bebé es inseparable de un proceso completo que incluye el parto y los primeros días de la criatura y su madre después del nacimiento; por eso en la mayoría de las culturas, las verdaderas celebraciones en torno al nuevo miembro de la familia tienen lugar  un tiempo después de su llegada al mundo, que puede ser de algunos días o semanas.  Posiblemente esta costumbre se origine en la necesidad de esperar la superación de los dramáticos primeros días de vida del bebé, en épocas en que la salud, la higiene y la educación no eran para nada parecidas a las actuales.

Por otra parte en muchas culturas, la madre es objeto de un tratamiento especial durante varios días posteriores al parto, durante los cuales es visitada por otras mujeres de la comunidad que le traen comida y la ayudan con el bebé, evitando que realice esfuerzos o esté en contacto con los utensilios que usa el resto del grupo familiar. Estas costumbres tan antiguas que hoy en día carecen de sentido, seguramente ayudaron a salvar muchas vidas, en aquellos tiempos tan difíciles, con sencillas normas de higiene que se presentaban como preceptos religiosos para conseguir su cumplimiento por parte del pueblo.

El regalo por otra parte cumple múltiples funciones, no solamente la de dar la bienvenida; conlleva buenos deseos de una vida larga y próspera,  como por ejemplo entre algunos judíos sefaradíes que acostumbran regalar dos huevos duros y una canasta de dulces, acompañadas por trozos de algodón si el recién nacido es varón y un costurero si es una niña. En la psicología infantil tiene la función de morigerar los celos de los hermanos mayores, fortaleciendo el nuevo vínculo que a su vez debe consolidarse permitiéndoles participar de su crianza. Otra función del regalo al recién nacido es la de protegerlo de alguna de las formas del mal que andan sueltas por ahí, lo cual se logra mediante amuletos u objetos de color rojo como lo hacen los pueblos orientales que obsequian un sobre de color rojo con una inscripción característica.

Las distintas funciones que cumplió y cumple el presente para un recién nacido en las culturas y a lo largo de la historia pueden inspirarnos al elegir un regalo para ese bebé que acaba de llegar, para expresar nuestros sentimientos en un momento tan especial. También podemos tener en cuenta la cultura de la familia o tal vez su situación particular, sus necesidades.

¿Qué deseamos para él o ella? ¿Qué les queremos decir a sus papis y a sus hermanitos? ¿Qué queremos transmitir a esa miniatura llorona y exigente que ha venido a revolucionar nuestros días? Un buen regalo puede expresar todo esto y mucho más, con originalidad y buen gusto: amor, alegría, protección y esperanza.