
¿Estás en el grupo de padres y madres que, noche tras noche, durante semanas o meses, juntos o por turnos, se levantan en medio de la oscuridad para calmar el llanto del bebé? Entonces te informamos que a partir de los seis meses de vida, el pequeño ya está en condiciones de dormir solo, en su propia habitación, con la luz apagada, y unas once o doce horas seguidas. ¿Que no es posible?
De más está decir cuáles son las consecuencias del mal sueño del bebé en sus padres o las personas que los cuidan, pues hablan por sí solas; pero debemos saber que también repercute en la criatura, que se muestra irritable, con llanto fácil y excesiva dependencia de la persona que lo cuida.
También es importante decir por qué es necesario que el bebé duerma bien; hay que fijarse en el salto evolutivo que dará en apenas dos años, a lo largo de los cuales pasa de ser completamente dependiente a una personita con vida propia. Conseguirlo implica invertir muchísima energía, que solamente recuperará con amor, buena alimentación y mejor descanso.
Los últimos estudios indican que el 35% de los niños menores de cinco años tiene problemas para dormir, transformando la hora de irse a la cama en un verdadero drama; pero además muchos padres y madres actuales creen que es normal que el niño se despierte en medio de la noche requiriendo su presencia.
Ante todo, debemos saber que el “dormir” es un hábito, que puede adquirirse igual que el de leer, comer o cepillarse los dientes. Algunos hábitos se adquieren naturalmente, pero otros deben ser inducidos, y esta es la explicación acerca de por qué algunos niños duermen bien naturalmente, y a otros les debemos enseñar.
Hacia los tres o cuatro meses de edad, comienza a “ajustarse” el reloj biológico, poniendo en hora las funciones de comer, dormir y estar despiertos, de acuerdo a la hora solar. No hay reglas fijas, y algunos bebés lo logran antes que otros, pero lo que sí debe suceder, es que se vayan extendiendo las horas de sueño nocturno a medida que aumentan las de vigilia durante el día.
Para entender cómo se puede crear el hábito de dormir, podemos pensar cómo hicimos o hacemos para enseñar a comer: en cuanto el bebé pudo mantenerse erguido en la sillita lo sentamos a la mesa y nos tomamos ese trabajo, día tras día, semana tras semana, con muchísima paciencia y todos de la misma manera, sea el papá, la mamá, el tío o la abuela.
El hecho de contar con su platito, su cuchara, su vaso, su lugar en la mesa, ayuda al bebé a comprender cómo funciona el mundo a la hora de comer, y lo aprende con seguridad, ya que nadie duda acerca de cómo se deben hacer las cosas.
A continuación, algunos consejos para crear el hábito de dormir:
- Manejarse con seguridad y tranquilidad, para que el bebé sienta que estar solo en su habitación y dormirse es lo más natural del mundo
- Asociar la hora de dormir con elementos externos que lo acompañarán toda la noche: la cuna, el osito, el chupete, una frazadita o un cojín… Hasta podemos hacer de estos simples objetos, un regalo personalizado y especial, para acentuar todavía más el efecto que queremos conseguir, demostrándole lo importante que es para él mismo y para toda la familia, que tenga horas de sueño tranquilas y felices.
- Crear una rutina previa al momento de irse a dormir, que sea igual todos los días, ya que para los bebés, repetición es seguridad. Puede comenzar con el baño, después del cual le pondremos ropa especial para dormir. Luego vendrá la última comida del día, que debe tomar junto con los demás miembros de la familia o en todo caso en un lugar que no sea el dormitorio.
- El momento de llevarlo a su cunita debe ser placentero tanto para el bebé como para sus papis; le podemos cantar una canción, algo que quizás más adelante se transforme en la lectura de un cuento. Luego y aún cuando no se haya quedado dormido, le damos los “elementos externos” (chupete, osito) y nos despedimos hasta el día siguiente con alguna frase que se torne familiar, un beso y salimos de su habitación.
Así, el bebé enfrentará sin temores, con alegría y “normalidad”, el momento de dormir y si durante el día juega y se alimenta lo suficiente, el hábito y las rutinas a la hora de irse a dormir le garantizarán a él y a los agotados papis, muchas horas de sueño reparador.
